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COMUNIDAD EDUCATIVA ASUNCIONISTA

 

LA CONGREGACIÓN DOMINICA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
La Congregación Dominica de la Inmaculada Concepción tuvo sus orígenes en Tolousse-Francia donde se formó bajo el amparo de María Inmaculada y se consagró a obras cristianas de enseñanza y caridad. Iniciaron su labor apostólica con la conducción de un establecimiento para jóvenes ciegas a cargo de la Reverenda Madre Hedwige Portalet.

Recibida la aprobación del Monseñor, Arzobispo de Tolousse en 1877, empieza a funcionar como casa de noviciado. Años más tarde establecieron relaciones espirituales con los hijos de Santo Domingo de Guzmán, surgiendo el deseo de afiliarse a la gran Orden Dominica, de donde nace la savia vigorosa, la fuerza de crecimiento espiritual y de expansión apostólica.

Este gran anhelo fue comunicado por las religiosas a su confesor y guía espiritual, el Rvdo. Padre Hyacinthe Cormier, Prior del Convento de las Dominicas de Tolousse, quien lo transmitió con gran regocijo a sus superiores quienes lo aceptaron complacidos; pero para su afiliación a la Gran Orden Dominica, la Congregación debía adquirir fuerza de expansión apostólica, la que no se hizo esperar.

Se crean las nuevas casas, las obras son más variadas y no no sólo en Francia, sino también en España y Latinoamerica.Las hermanas de Tolousse hicieron su profesión en la Tercera Orden Regular de Santo Domingo de Guzmán en 1884, entre las manos del Rvdo. Padre Cormier, quien fue siempre para sus queridas hijas, un Padre devoto y un consejero extraordinario.

La nueva Congregación Dominica tomó el título de « Congregación de las Hermanas Enseñantes de la Tercera Orden de Santo Domingo de la Inmaculada Concepción» en 1899 y aprobado definitivamente por la Santa Sede en 1910.

Imbuidas de la savia vigorosa de la Tercera Orden de Santo Domingo de Guzmán, la Congregación Dominica de la Inmaculada Concepción de Tolousse - Francia, se consagró a las diversas obras cristianas de enseñanza y de caridad, haciendo conocer su fuerza apostólica en el Antiguo Mundo y enseñando amar a la Iglesia y a Francia a la vez.

Esta misión sagrada, con un renovado ímpetu de crecimiento espiritual y de expansión apostólica irradió sus luces celestiales a la naciente América, llegando primero a Ecuador en 1889 y diez años después al Perú - Trujillo, para fundar el primer Colegio Nacional de Mujeres de la República ¨Santa Rosa¨. La Congregación de la Tercera Orden de Santo Domingo de la Inmaculada Concepción a fines del siglo XIX, tenía muchos establecimientos de instrucción en Francia, España y otros países. Dios quiso recompensarlas por tan noble labor e hizo posible que fueran las pioneras en evangelizar en tierras lejanas de América Meridional.

El Perú les abrió sus puertas en 1898, diez años más tarde que las hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción llegaran a Cuenca-Ecuador por gestión del Santo Padre Hyacinthys Cormier, para refulgir desde este primer faro apostólico, sus destellos de fe y esperanza a los más necesitados; ya en las altas mesetas como en las selvas vírgenes del Ecuador; y con las más bellas perspectivas de porvenir sobre las costas peruanas, donde se situaron las casas de la nueva provincia del Perú.

La heroica ciudad de Trujillo, cuna de la libertad, se eregía gloriosa y pujante ante el progresivo adelanto alcanzado en las postrimeras del siglo XIX, adelanto cultural que sólo involucraba a los varones dejando un vacío en cuanto a la educación de la mujer, tan necesaria e importante por ser miembro de la sociedad y además quien tiene a su cargo la formación espiritual de la niñez y juventud.

Fueron cinco las hermanas dominicas francesas que arribaron a nuestra patria en 1898 para continuar con su piadosa misión: sembrar la ciencia y la virtud en la juventud femenina de Trujillo.

Es así que por el año de 1898 surgió en la ciudad de Trujillo la iniciativa de contar con un lugar donde su juventud recibiese los dones de la virtud, la ciencia y el saber.

Iniciándose las primeras coordinaciones del gobierno peruano con la Casa Madre de Tolousse a petición y gestiones del insigne y noble patricio trujillano Don José Antonio Delfín, por aquel entonces presidente de la Junta Departamental, este ideal se vio materializado.

Este mismo año la Rvda. Madre Dominga Fond llegó a Trujillo en compañía de cuatro hermanas religiosas para fundar el Primer Colegio Femenino del Perú, un 30 de setiembre de 1898, bajo el amparo de Santa Rosa de Lima, la primera directora de este colegio fue la Rvda, Madre Enriqueta Collot, quien priorizó la vital importancia de la educación de la mujer liberteña para forjar dignas y educadas mujeres, sabias y ejemplares madres de familia, pilares fundamentales de la sociedad.El Supremo gobierno de la República, presidido por Don Oscar R. Benavides en 1914, reconoció la provisión de al colegio como nacional, encomendando a la Junta Departamental el cuidado y mejoras del local así como recursos.

El grupo de dominicas francesas de la Tercera Orden de la Inmaculada Concepción se hizo cargo del primer plantel femenino nacional de Trujillo y del Perú. Este manojo de santas mujeres, seguidoras de Cristo, comenzaron a tejer la fulgurante historia de este centro educativo, trayéndonos los avances del viejo mundo, a sembrar las semillas de la conquista de los derechos femeninos, iniciando el proceso de emancipación cultural y social de la mujer trujillana, que hasta entonces sólo se concretaba en la actividad silenciosa del hogar.

Así empezaron una obra que no tiene precio; ellas trazaron nuevos rumbos a la juventud femenina inculcando valores que han permitido colocar este colegio en tan alto sitial: Verdad, Caridad y Amor, sagrados principios de la Orden Dominica.

«VERITAS» dice el escudo de su Orden y verdad es lo que van sembrando a su paso, verdad es lo que inculcan a las jóvenes, verdad es la realidad de sus obras, verdad son sus numerosos colegios bien implementados, verdad es lo que siembran y verdad es lo que cosechan.

La Juventud Asuncionista está modelada en el amor a Dios, al trabajo y a sus semejantes, siempre tiene a flor de labios oraciones y cánticos porque lleva consigo la fe. Es el hábito blanco y negro sinónimo de comprensión, sencillez en el vivir, optimismo en la acción, respeto hacia los demás, amor al prójimo.

Este sentido religioso fue y sigue siendo transmitido respetando la libertad y autodeterminación interior. Por eso quienes pasamos por sus aulas, sentimos siempre que la religión es una vivencia al servicio del hombre que nos enseña a darnos a los demás con sacrificio, sin alardes, sin falsas posturas, sin estandartes ni banderas.

Por el año 1956, la madre Margarita Gonzáles, entonces directora del colegio nacional “Santa Rosa” de Trujillo y la Madre María Magdalena Sagnaro, provincial de las hermanas dominicas de la Inmaculada Concepción ene el Perú, decidieron organizar un colegio para las hijas de las Ex alumnas rosinas, quienes estaban imbuidas del espíritu dominico .Es así como empiezan a darle forma a este sueño, localizando el terreno del entonces fundo “Gigante” como lugar para edificar la obra.

En el año 1957, un 15 de Agosto, pusieron la primera piedra de lo que hoy es el colegio de valores”La Asunción”. Nombre que se escogió con la finalidad de que a quienes albergara salieran imbuidas de los valores que adoman a nuestra madre del cielo. Por ello asuncionista que sale de este colegio y no ame a María no es ASUNCIONISTA.

La ceremonia fue muy emotiva pero a la vez arriesgada para las misioneras.

Y así fue como la congregación dominica de la inmaculada concepción forjaron luz de vida y verdad en nosotras, quienes ahora somos ojos de los que no ven y a la vez somos luz del mundo para así mejorarlo con las virtudes aprendidas en nuestra sagrada casita rosada bendecida por nuestra Madre del Cielo.

 
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